Estoy cansada, atenuada, extasiada.
Voy sin rumbo fijo, caminando sin tener claro el destino.
Me he cansado de dar vueltas, de encontrarme mis propias huellas, de hundir mis pies en la tierra que ya pisé.
El paisaje siempre es el mismo. Confío en que conforme avance irá cambiando. Y lo hace. Pero para convertirse en el mismo árbol podrido a medio camino que espera con su último aliento la hora maldita.
Y nunca cambia... Y nunca avanzo... Y siempre soy la misma idiota delante del mismo árbol esperando un milagro que nunca llegará.
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