Se despertó asustada, como cada madrugada desde hacía varias semanas. Miró el reloj, con la esperanza de que el amanecer estuviera a la vuelta de la esquina pero decepcionada volvió a cerrar los ojos. Quedaban aún cuatro largas y tediosas horas para que pudiera ser libre, para que dejara de estar atormentada por esos demonios.
Entonces se puso a pensar. Y pensando, imaginó que tenía superpoderes. Primero imaginó que podía volar. Volaba sobre el mar y pudo apreciar la sensación de libertad. Y quiso sentirse así siempre. Después imaginó que leía la mente, y solucionaba los problemas de todo el mundo. Hasta de los que no querían ser ayudados. Y le hizo sentirse bien, y también quiso sentirse así todos los días. Por último, imaginó que podía hacerse invisible. Y estaba bien poder evadirse algunas veces del mundo, pero también se evadía de los problemas y al final terminaban por estallar. Y esto, esto si que no quería volver a sentirlo nunca.
Finalmente despertó con la certeza de que para sentirse bien lo único que hace falta es no sentirse atado, empatizar con los demás y nunca, nunca evitar los problemas sino darle solución.
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